A Liberar la Mente que eso Nadie lo ve
Recuerdo que hace muchos años tenía lo que entonces se llamaba la Libreta Cívica y la obtuve cuando alcancé la edad para votar. Y realmente estaba ansioso de ir a votar. Que ría experimentar que era el cuarto obscuro. las cosas eran distintas. El que dirigía el país se mofaba en sus declaraciones diciendo que le pondrían algunos votos a los liberales para que no se sientan angustiados.
Yo le tenía una bronca especial; más aún porque vivía acompañando a mi viejo en Formosa (quien gracias a la persecución stronista fue a parar a la Argentina para sobrevivir). Mi padre que era un colorado de conciencia me decía siempre: "no tenés que votar en contra del partido hijo. Tu problema particular no es un problema nacional". Yo lo escuchaba y no decía nada. Me callaba porque era una cuestión de respeto y de disciplina oír lo que nuestros padres nos indicaban.
Viajaba cada viernes a la tarde en la Empresa Godoy y cruzaba en la balsa por Itá Enramada. Como sabían que era el hijo de uno de los integrantes del MOPOCO me revisaban totalmente y me hacían preguntas tan estúpidas como: "no trajiste granadas entre tus ropas". Obviamente yo debía responder firme y con voz fuerte: "No Señor".
Así alcancé el día de mi primera votación. Mi mamá me pidió por favor que votara por el Presidente; porque "a lo mejor eso le ayuda a tu papá y puede volver de nuevo". La verdad que papá volvía cada vez que quería; pero debía presentarse en la Comisaría 7ma. para las 7 de la mañana y firmar un libro. Así era. Sí créanlo No es que iba a un juzgado a firmar. Iba a la oficina de guardia de la Comisaría para dejar sentado que estaba en su casa. Y venía los sábados y retornaba los domingos porque trabajaba como Médico Consultor de la Provincia de Formosa y tenía su consultorio privado.
Había un policía que se colocaba en una moto Honda 90 a anotar quienes venían a casa y si mi papá salía o no de ella. Que vida perra la que nos dio este nazi troglodita.
En fin, después de este paréntesis en el cual me dejé llevar un pco por la pasión; les comento que fuí a votar. No había padrones visibles en la entrada del Colegio Nacional de la Capital donde iba a sufragar. Si las meses estaban con las letras de los apellidos y cuando encontrabas el que te correspondía les debías preguntar si estaba tu nombre. Entonces lo buscaban y te decían que pases al "cuarto obscuro". Era una de las aulas del Colegio; en la cual las veces que fui a votar durante la dictadura; estaban sentados en algunas de las sillas de la clase, dos o tres tipos tomando tereré tranquilamente. Sobre una silla había dos tipos de listas una para Presidente y otra para los legisladores. Lo más notable de todo es que solamente estaba el de los colorados y los demás partidos participantes en los comicios: bien gracias.
Tomé los dos; y tal como me indicó un buen compatriota en Formosa; para que se anulen escribí cualquier cosa encima del papel y no marques debajo de ningún nombre.
Bueno; me entró un julepe de novela. ¿Y si lo revisan en la mesa?. ¿Que me harán?. ¿Voy directo al calabozo?.
¿Que diablos iba a hacer?. La respuesta llegó en segundos (la ventaja es que era joven y no dudaba mucho cuando se trataba de rebelarme y tenía muchos motivos); por lo que con letras temblorosas y rápidamente inserté la palabra "Mbore". Doble las "papeletas y salí todo sudado. El Presidente de Mesa por suerte estaba comiendo chipa y tomó el documento. Lo miro de frente y revés. Lo bajó sobre la mesa, puso una media firma; lo pasó a otro que estaba a su lado, este firmó y metieron en un cajón de cartón. Me entregaron mi blanca Libreta cívica y me retiré. Ufff.........que calor pasé.
Bueno: ese día fue mi primer voto. Y después cada vez que había elecciones hice lo mismo hasta que llegó la democracia. Pero les juro que no olvido ese domingo. Se extendió el cagaso todo el día; y, parecía que mamá sabía algo, porque me preguntó como tres veces: "¿votaste bien mi hijo?". "Si mamá. Voté bien".
Que púa. La verdad es que mirando ahora a la distancia, nuestra mente era prisionera del miedo que instalaba la dictadura de Stroessner. Un terror visceral de pasar lo mismo que le ocurrió a mi papá que desapareció 16 días (estaba en la técnica había sido); hasta que le tiraron en Clorinda al hacerlo cruzar en una canoa. Todo eso lo viví en su momento. Era el control de la mente y de todo el cuerpo; porque la diarrea de ese día se repitió cada vez que iba a votar. Me río ahora; pero les juro que era verdad.
Por eso les pido a todos que recuerden, que sus mentes; que contienen el órgano principal para accionar cualquier parte del cuerpo humano (el cerebro); hoy está libre y es hora que dejen de lado los partidos políticos que tienen sus padres, hermanos, tíos o familiares cercanos y piensen en nuestros compatriotas pobres, en los indigentes; esos que necesitan soluciones a sus necesidades sociales. mayor salud, mejor educación, vivienda, trabajo y seguridad.
No voten nada más: elijan a aquellos que no estuvieron en los contubernios del legislativo ejecutivo o judicial. Elijan a quienes por lo menos ahora se presentan limpios y parecen más claros. No podrán ser peores a estos que están ahora, por lo menos tengan la certeza que podrían empatarles; pero nunca ser más malos que ellos.
Llegó la hora del cambio. Y el cambio empieza en nosotros mismos: liberando nuestra mente. Idealizando un país mejor. Un Paraguay con esperanza de equidad y libertad. Una nación donde la justicia alcance a todos y no solamente tenga prisa cuando está detrás algún poder fáctico o económico.
Elijan a gente que no tenga en su pasado mancha de haber traficado armas, drogas y/o mezclados con los mafiosos de todos los tiempos. Llegó la hora de sacar a los últimos residuos del stronismo.
Dale: cambiemos radicalmente y veamos los resultados. No les garantizo el paraíso pero les puedo asegurar que será mejor que lo que tenemos ahora.
Elijan libremente. Por que la mente es libre hoy y nadie sabrá por quien votaste.
Elijan bien y procuren ser buenos seres humanos formados cívicamente con los principios de igualdad y libertad.
Vamos que se puede. Además lo que tu mente decide: nadie lo ve.
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